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Foto: UNICEF

Estudio revela que uno de cada cinco niños con COVID-19 desarrolla afecciones cardiovasculares

Un estudio desarrollado en la provincia de Villa Clara, que involucró a más de 40 niños recuperados del nuevo coronavirus, en etapa de convalecencia, reveló que en uno de cada cinco niños se presentan afecciones cardiovasculares post COVID-19.

La doctora Lisset Ley Vega, especialista de I y II grado en pediatría, y de II grado en Cardiología, del Hospital Pediátrico Universitario “José Luis Miranda”, de Villa Clara, conversó con Cubadebate sobre los resultados de esta investigación.
En el mes de julio se evaluó a los menores en una primera fase, y ello se realizó nuevamente en los meses de septiembre y octubre. “Se destacaron los adolescentes como la edad más vulnerable, sobre todo por las relaciones de grupo, a pesar de las medidas instauradas de distanciamiento social”, apuntó la entrevistada.
“Las enfermedades cardiovasculares se presentaron en uno de cada 5 niños estudiados. Incluyeron inflamación del músculo cardíaco, es decir miocarditis; y en la cubierta del corazón, que son las pericarditis. Otras afecciones cardiovasculares detectadas fueron las arritmias, dígase trastornos del ritmo o la frecuencia cardiaca, y la hipertensión arterial”, sostuvo la especialista.
Asimismo, en el caso particular de los niños, dijo, cuando se diagnostica una miocarditis o una pericarditis, la causa más común son las infecciones de tipo viral. “Sin embargo, no toda persona que padezca una infección viral va a tener que padecer complicaciones cardiovasculares. Esto depende del agente causal, y en este caso estamos analizando al coronavirus SARS-CoV-2. Depende también del huésped, o sea, del niño o niña, y su predisposición genética e inmunológica”, refirió Ley Vega.
En todas las edades, estas complicaciones pueden aparecer durante la enfermedad o con frecuencia, posteriores a la misma.
“En Cuba no se han presentado fallecidos en edad pediátrica hasta el momento, gracias a la existencia de un sistema de salud integrado, con un equipo multidisciplinario, guiado por un protocolo nacional de actuación, de prevención y manejo de casos con carácter intersectorial”, significó la experta.
No obstante, insistió, en varios países ya se recogen estadísticas relacionadas con el agravamiento y muerte de infantes a causa de la COVID-19, sobre todo en los rebrotes reportados a nivel mundial, después de las medidas de desescalada, y es significativo el número de adolescentes y jóvenes que han sido contagiados.
Según Ley Vega, algunos expertos sugieren que los niños no se vean quizás afectados de manera tan grave por la COVID-19, porque realmente hay otros coronavirus que se propagan en la comunidad. Estos causan enfermedades como el resfriado común y los niños con frecuencia se resfrían. Tal vez su sistema inmunológico esté preparado para proporcionarles alguna protección contra la COVID-19.
“Por lo general los síntomas en los niños se muestran menos graves que en los adultos, pero no están exentos de presentar complicaciones graves en etapa aguda o en la convalecencia. Fundamentalmente en los niños la carga viral presente en secreciones nasofaríngeas es alta, sumada a las infecciones respiratorias y virales que padecen con frecuencia, el manejo inadecuado de estas secreciones, los hábitos típicos de la edad y la necesidad de estar acompañados siempre por adultos, representa un riesgo aumentado de contagio y los hace muy propagadores de la enfermedad”, alertó la pediatra.
Varias teorías se han postulado: puede ser la afectación directa del virus a ese miocardio o los daños pueden estar también mediados por los anticuerpos o la inflamación de los vasos sanguíneos; por la lesión de esos microvasos debido a los microtrombos o coágulos pequeños a nivel de esos vasos sanguíneos; la hipoxia o falta de oxígeno; los trastornos electrolíticos en los iones… Otro de los daños fundamentales es el mediado por la enzima convertidora de la angiotensina, un receptor con el que cuentan los pacientes en edad pediátrica, pero que son muy inmaduros todavía, dijo la entrevistada.
De acuerdo con la doctora, el estudio en los más de 40 menores se inició a punto de partida de que el Centro Nacional de Genética Médica comenzara una investigación genética, inmunológica y molecular en toda la población afectada por COVID-19, tanto en niños como en adultos.
La literatura actual revisada no logra definir aún la incidencia exacta de las complicaciones, sobre todo cardiovasculares, fundamentalmente por el alto índice de mortalidad y por el bajo índice en las necropsias en esos casi dos millones de fallecidos que ya se cuentan. “La información disponible sobre esas afecciones cardíacas se basa en reportes de casos aislados por otros coronavirus, o en el caso de los sobrevivientes que han presentado afecciones agudas en la enfermedad o complicaciones a largo plazo, todo lo cual está en estudio a nivel mundial”, precisó la Ley Vega.
“Realmente hay más dudas que certezas sobre la etapa pos COVID-19. Lo más importante en estos momentos es mantener la mente abierta, escuchar a los médicos, a los pacientes, lo que nos permitirá conocer y entender esta nueva enfermedad”, dijo.
Las consecuencias tardías de la COVID- 19 no solo comienzan a aflorar a nivel respiratorio, sino a nivel cardiovascular, neurológico, siquiátrico, sicológico. Aunque no hubieran tenido efectos graves, hay estudios que muestran que hasta un 75 por ciento de los pacientes con COVID-19 han mostrado inflamación, injuria miocárdica (evidencia de valores elevados de troponina cardíaca), incluso después dos meses de diagnóstico.
“No sabemos en estos momentos si habrá más o menos secuelas cardiovasculares en el futuro”, refirió. A su juicio, lo que hace falta es tiempo para estudiar a quienes tuvieron COVID- 19, especialmente esos casos leves donde no se conoce todavía la prevalencia real de una afección cardiovascular.
“Continúa siendo la prevención la principal vacuna en estos momentos. Necesitamos insistir a nuestra población en los aspectos epidemiológicos, el diagnóstico temprano de la enfermedad, sus complicaciones, la pesquisa activa , la terapéutica oportuna en la fase aguda y también en la convalecencia, esto último de gran importancia”, afirmó.
(Tomado de Cubadebate)

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